| Donde hay humo, hay fuego. |
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viernes, septiembre 08, 2006
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Pues así son las cosas, tarde o temprano, ocurren.
Y es que hay dos maneras seguras de llegar al desastre: Una es pedir lo imposible y la otra retrasar lo inevitable.
Nuestro vecino de enfrente, un señor jubilado, tiene una terraza tremenda en la que hace un par de años monto su jardín del edén viendo los programas de Bricomania.
Una tumbona de columpio, luces de neon, faroles de los que se cargan con la luz solar, hilo musical (basado mayormente en lo mejor de las cintas y cd de las gasolineras) quemadores de incienso y velas a tutiplén, farolillos de aceite (que todo a la vez suelta un pestazo del copon) y una variada colección de plantas exóticas, entre las que habitan un par, llamadas Mari-juani y que están hermosísimas. Paradisíaco ¿verdad?
Pues no.
Es un pesado de narices, de esos que a las dos de la mañana tiene a los tres de la guitarra sonando a toda mecha, con el incienso, el aceite y los petas, imposible dormir. y asi todo el dia, asomarse al patio de luces y ver tu vida en un caleidoscopio es todo uno.
Hoy el jardincito ha sufrido grandes daños y no ha sido más por la rápida intervención de los bomberos. En un momento de ausencia del propietario, una de las lamparillas de aceite se ha derramado, ¡Oh, campos de soledad mustios collados! Y ha empezado a arder mientras los vecinos mirábamos con una sonrisilla, que a medida que el humo era más denso la sonrisa era más marcada y no sabemos por que...
Lo siento por las plantas, se han quedado todas mustias y ellas no tienen la culpa, pero al menos el maldito hilo musical y el olor a incienso barato, dejara de molestarnos unos días. Los que habéis estado en casa, me comprenderéis mejor aun.
Sed buenos y portaos bien. ...Paz hermanos. (si, si, todavía permanecen los efectos)
Tankee escribió a las 12:12 p. m.
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